Por primera vez en la historia, un sistema económico domina el mundo: el capitalismo. El economista serbio-estadounidense Branko Milanović destaca los problemas que surgen de la creciente desigualdad social.

Branko Milanović

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DW: En su análisis del capitalismo global, usted distingue entre el sistema del «capitalismo liberal» y el del «capitalismo político». ¿Cuáles son las principales diferencias?

Branko Milanović: Estados Unidos y China son ejemplos distintos de los dos sistemas. Es importante señalar que China también es un país capitalista, aunque el Partido Comunista esté en el poder. Cuando observamos el porcentaje de producción del sector privado en China, el número de trabajadores que trabajan en el sector privado o de forma independiente fuera del sector público, y vemos la importancia de la inversión privada frente al sector público, todos los indicadores apoyan la caracterización de la economía china como capitalista. Alrededor del 80 por ciento del producto nacional procede del sector privado, más del 90 por ciento de la población activa trabaja en él, y más del 50 por ciento de las inversiones las realizan empresas del sector privado.

Las diferencias entre los dos sistemas radican en el nivel del sistema político. El capitalismo liberal se basa en la democracia, o cada vez más en una especie de plutocracia: los ricos tienen gran influencia en las decisiones políticas. China tiene un sistema de partido único, en el que el Estado es autónomo y tiene gran poder de influencia sobre los capitalistas. Y no hay estado de derecho.

Branko Milanović, economista. Branko Milanović, economista.

Actualmente se habla mucho de China: ¿está ese país camino a reemplazar a Estados Unidos como el actor más importante en la escena mundial, tanto económica como políticamente?

En muchos aspectos, China tiene ventajas, por ejemplo en lo que respecta a la contención de la pandemia, pero no sustituirá a Estados Unidos durante mucho tiempo. Todavía queda un largo camino por recorrer. China es mucho más pobre que Estados Unidos. En términos per cápita, el producto nacional de China es solo una cuarta parte del de Estados Unidos. El país tiene mucha más gente, por lo que el producto bruto global es mayor, pero los chinos son mucho más pobres en cuanto al producto bruto per cápita.

Además, Estados Unidos tiene un enorme poder blando: sigue siendo el centro ideológico y de la política mundial. Ese país es una potencia militar mucho mayor: tiene unas 800 bases militares en todo el mundo, China solo tiene dos. Asimismo, cuenta con una enorme coalición cubriendo sus espaldas, como la OTAN y los países cercanos a la alianza y a EE. UU., desde América Latina hasta Ucrania. China, en cambio, apenas tiene aliados; de hecho, cada vez tiene más rivales.

Pero China se está desarrollando de forma muy dinámica y en algunos ámbitos de las últimas tecnologías va por delante de Estados Unidos, por ejemplo en lo que respecta a la inteligencia artificial, la robótica y la tecnología ecológica. El país también está haciendo grandes progresos en lo que respecta a tecnología espacial. Si esto continúa durante los próximos 20 o 30 años, China podría competir con Estados Unidos.

Asentamiento informal en Chile. «En América Latina y en África hay una gran desigualdad»

Uno de los temas fundamentales que usted aborda es la desigualdad entre ciertos sectores -incluso habla de clases- dentro de la sociedad. ¿Cómo surgen?

Un factor especialmente importante que conduce a un aumento de la desigualdad es la transferencia intergeneracional de la misma. Se forma una especie de clase dirigente que se desmarca del resto de la población. Surge una nueva aristocracia. Esto se puede observar tanto en China como en Estados Unidos.

En EE. UU., cada vez hay más personas muy ricas que tienen tanto un gran capital, como así también altos ingresos laborales. Eso da lugar a una élite gobernante que, por un lado, es rica gracias al capital, pero también trabaja mucho, incluso más que los que menos cobran como salario. De ese modo, duplican su riqueza.

Y estas personas se casan predominantemente con quienes también tienen una buena educación y un alto nivel de ingresos. Luego, eso se transmite a los hijos. No solo heredan el capital, sino que también van a mejores escuelas y universidades, lo que les abre el camino a empleos mejor pagados. Así es como esta clase sigue reproduciéndose.

Un proceso similar está teniendo lugar en China. Lo que ocurre es que ese desarrollo a menudo pasa por las estructuras políticas. Quienes ocupan un cargo introducen a sus familiares en las estructuras, a menudo también en el ámbito del poder económico. Esto lleva a la formación de una clase que no puede ser reemplazada porque controla cada vez más los procesos políticos también. Así se reproduce la estructura de clases.

En EE.UU., cada vez hay más personas muy ricas que tienen tanto mucho capital como altos ingresos laborales En EE.UU., cada vez hay más personas muy ricas que tienen tanto mucho capital como altos ingresos laborales

Entonces, ¿cuál es la alternativa? ¿Conformidad social?

Existe una desigualdad que es el resultado del trabajo o de la suerte o de una diferencia de conocimientos o de voluntad de inversión. Está bien que exista eso. Sin embargo, también existen desigualdades derivadas de los monopolios o de las diferentes posiciones de partida. Esto conduce a un debilitamiento del crecimiento.

Por ejemplo, en América Latina o en África: allí hay una gran desigualdad. Los pobres no pueden educarse, no tienen familia que los financie. Y aunque las escuelas sean gratuitas, los niños tienen que ayudar a sus familias a ganar dinero, por ejemplo en la agricultura. Es un desperdicio de recursos humanos.

Colombia, sin justicia social

Si el aumento de la desigualdad conduce al fortalecimiento de la plutocracia, es decir, al gobierno de los ricos, ¿significa esto un alejamiento de los principios democráticos?

Sí, definitivamente. Esto es particularmente evidente en Estados Unidos a través de la financiación de las campañas políticas. Cualquiera puede donar dinero: no sólo los particulares, sino también las empresas, los bancos, los grupos de presión, los fondos de inversión. Y cuando uno dona el dinero, suele esperar algo a cambio. Eso se hace visible en el proceso legislativo: a través de los representantes políticos que ayudaron a elegir, los grupos de presión influyen en las leyes. Así se subvierte el principio de la democracia. El poder político se va equiparando al poder financiero, y esa es la definición de plutocracia. Estados Unidos ya está en ese camino.

Branko Milanović es un economista serbio-estadounidense. Estudió y se doctoró en Belgrado, luego trabajó durante décadas como economista jefe en el departamento de investigación del Banco Mundial, y desde 2014 es profesor en la Universidad de la Ciudad de New York. Su investigación se centra en la desigualdad social. (gg/cp)